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En el abordaje de los problemas de dolor crónico desde una perspectiva conductual se entiende que el comportamiento de la pareja del paciente puede reforzar positivamente las conductas de dolor mediante la atención o expresiones de afecto y, reforzar negativamente esas mismas conductas al evitar al paciente la realización de tareas y responsabilidades indeseadas. Según la investigación, los pacientes cuyas parejas son atentas a las demandas de dolor realizan menos actividades e informan de un mayor nivel de dolor al creerse observados.

En las familias y parejas donde se instaura el dolor crónico, éste suele convertirse en el único tema de conversación, deteriorando la comunicación familiar e íntima con la de pareja, y puede llegar a condicionar la vida y actividades que giran entorno a las necesidades del paciente.

Es importante que familia y pareja formen un equipo junto con el paciente que les permita luchar contra esa invasión de sus vidas por el dolor y otorgarle sólo la atención sanitaria precisa. Para ello puede seguir estas pautas:
 
1.- Estudien, describan y delimiten aquellas tareas y responsabilidades que puede realizar el paciente. Para ello es necesario consensuarlas con la persona que sufre el dolor en un ambiente de escucha, libertad y creatividad.

 

2.- Estén atentos a las tareas listadas anteriormente y valore el esfuerzo del paciente por realizarlas independientemente de su logro. Celebren con entusiasmo la recuperación de tareas y áreas antes ocupadas por el dolor.

 

3.- Busquen actividades posibles y placenteras para realizar en común toda la familiar. Para ello, podrían decir todos y cada uno lo primero que se les ocurriese e ir escribiéndolo en un listado, para posteriormente valorar las posibilidades reales de llevarlas a cabo y concretar cuándo y cómo realizarlas.

 

4.- Fomenten el contacto con otras personas. Busquen realizar actividades que faciliten el encuentro con grupos como organizaciones, asociaciones vecinales, colectivos con actividades comunes como senderismo, aeromodelismo, filatelia, etc. o cualquier otro que facilite la comunicación con otras personas con objetivos ajenos al dolor.

 

5.- Reserven espacio para la pareja. Delimiten conscientemente espacios físicos donde establezcan la prohibición de hablar del dolor, como por ejemplo el dormitorio. Delimiten también un tiempo donde no se permita hablar del dolor, como por ejemplo una cena semanal, un paseo diario, la comida diaria, etc.